Ana: Un Caso de Insomnio por Estrés Emocional

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Ana es una mujer de 58 años, separada, y con una hija de 25 años que se independizó hace 6 meses. Hace dos semanas que, después de unos meses de cuidar a su madre en su domicilio, decidió ingresarla en una residencia. Su madre fue diagnosticada hace 3 años de demencia de tipo Alzheimer, y en estos momentos se encuentra en una fase avanzada de la enfermedad.

 

Su rutina diaria es la siguiente:

Se levanta por las mañanas a las 6.30 de la mañana. Suele levantarse con sensación de haber tenido un sueño poco reparador.

Entra a trabajar a las 7.30, gestionando su propia empresa. Lleva unas semanas excesivamente preocupada, ya que el negocio no está pasando por un buen momento.

Durante las primeras horas de la mañana y después de comer suele experimentar con facilidad episodios de somnolencia, que compensa con la ingesta frecuente de café.

 

Muchas veces no dispone de tiempo para poder descansar para comer, por lo que suele comprarse un bocadillo en un bar cercano, acción que repite día tras día. Hecho que no ayuda a mejorar las molestias gástricas que ha ido experimentando en las últimas semanas.

 

Últimamente refiere cambios de humor más marcados, con frecuente irritabilidad que repercute en el trato hacia sus empleados.

Acostumbra a finalizar su jornada laboral sobre las 5 de la tarde, para poder tener tiempo suficiente de pasar por la residencia de su madre y cenar allí con ellaÉsta está en un momento delicado, ya que hace unas semanas que debutó con síntomas delirantes, que hacen difícil la comunicación entre ella y su hija. Sin embargo, Ana se siente en la obligación de estar con ella y acompañarla en estos momentos, así que se ha propuesto pasar con ella unas 2 o 3 horas diarias mientras cenan juntas y la acompaña a la cama.

Suele dejar la residencia sobre las 20.30 de la tarde, con el tiempo justo para pasar por el supermercado y comprar algo para cenar.

El cuidado de su madre ha hecho que no tenga tiempo para mantener sus hobbies, que hasta ahora eran la natación y algún partido de tenis en el que participaba de forma esporádica con sus amigos.

Estas últimas semanas finaliza el día muy cansada, y con frecuentes dolores de cabeza, y refiere necesitar un par de horas frente a la televisión para poder “desconectar” de su rutina diaria y no pensar en nada.

Sobre las doce de la noche suele acostarse en la cama, donde consulta el correo en su Tablet y dedica una media hora a revisar sus redes sociales. Una vez apaga el móvil refiere una latencia de entre una y dos horas hasta que consigue conciliar el sueño, tiempo en el que refiere tener pensamientos recurrentes en referencia a la salud de su madre, al tiempo que debería pasar con ella, a aspectos relacionados con su empresa, o a la sensación de soledad que experimenta desde que su única hija se independizó.

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