Fisiología del Sueño

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El sueño es una función cerebral activa y necesaria para el correcto funcionamiento físico y mental de las personas, siendo una actividad fundamental para que se facilite el aprendizaje y se consolide la memoria.

El tiempo que una persona tarda en iniciar el sueño (lo que conocemos como latencia del sueño), suele rondar entre 1 y 30 minutos. En caso de latencias superiores, hablaríamos de dificultades en la conciliación del sueño.

Una vez conciliado el sueño, éste consta de diversas fases de aproximadamente 90 minutos (aunque puede oscilar entre 70 y 100), que se repiten unas 4 o 5 veces a lo largo de la noche. Estas fases son principalmente dos: el sueño no REM y el sueño REM.

El sueño no REM consta de dos fases superficiales (fase I y II) y una fase profunda (fase III). En las fases superficiales, se produce un movimiento ocular lento, en forma de balancín y se reviven sueños de la actividad del día, a diferencia de la fase de sueño profundo, en la que no hay sueños. La fase I dura entre 1 y 7 minutos, y como fase de transición entre sueño y vigilia, cualquier estímulo mínimo podrá despertar a la persona. En los casos en los que el sueño se presenta muy fragmentado, con múltiples despertares, encontraremos un exceso de estas fases a lo largo del sueño. La fase II tiene una duración de 10 a 25 minutos, y los estímulos requeridos para que la persona se despierte ya tendrán que ser mayores.

Tanto el sueño superficial como el profundo comparten la característica de presentar un estado muscular en descanso progresivo, con autorregulación de la temperatura corporal, y disminución y estabilidad de la tensión arterial, la frecuencia cardíaca y la frecuencia respiratoria. Se segrega hormona del crecimiento y prolactina, que favorecen la regeneración de tejidos, y se da un aumento progresivo de cortisol conforme se acerca la hora de despertar.

 

En la medida que las etapas del sueño no REM progresan, será necesario cada vez un estímulo más intenso para despertar a la persona, llegando a necesitarse estímulos enérgicos para despertar a la persona en las fases profundas. Con el paso de las horas, los periodos de sueño profundo van reduciéndose, y los de sueño REM van aumentando, siendo el sueño de la madrugada más ligero que el previo.

La fase de sueño REM, o también llamada sueño paradójico, se caracteriza por un movimiento ocular rápido y pérdida del tono muscular. La temperatura corporal, a diferencia de en las fases previas, varía según la temperatura del medio ambiente (pudiendo pasar frío o calor con mayor facilidad), y se produce una inestabilidad en la tensión arterial, en la frecuencia cardíaca y en la frecuencia respiratoria, que será más variable, pudiéndose producir arritmias, apneas, etc., con aparición frecuente de erecciones nocturnas. Es durante esta fase cuando aparecen sueños simbólicos frecuentes. Y los estímulos necesarios para que una persona se despierte en esta etapa serán variables, ya que en muchas ocasiones éstos son asimilados en el contenido del sueño. En la etapa adulta el primer sueño REM se produce aproximadamente a los 90 minutos de sueño.

El porcentaje que ocupa el sueño REM en el sueño va disminuyendo con la edad, ocupando aproximadamente un 25% del sueño total del adulto, y transformándose en un sueño más superficial en la vejez, disminuyendo el porcentaje de sueño REM.

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